Todos dicen que Ena se ha acostado con un chingo de vatos, pero yo la veo diferente. Me pidió que le enseñara para los exámenes y yo acepté pensando que nuestro trato acabaría ahí. Cuando termina de estudiar, me sorprende queriendo «pagarme» de una manera bien atrevida. El giro que me vuela la cabeza es descubrir que, al momento de la verdad, Ena nunca ha estado con nadie. Lo que empieza como un trato frío se convierte en el encuentro más tierno y ardiente de su vida.





