Itsuki pensaba que su familia era la ideal: una madrastra buenísima llamada Otoha y una cuñada bien guapa llamada Nagisa. Pero una noche, al ver a Otoha tirada en el sillón con un negligé que no dejaba nada a la imaginación, algo en él se rompió. Sin pensarlo, se le acercó, le enterró las manos en esos pechos enormes y le plantó un beso. Justo cuando más se emocionaba, Nagisa los descubrió. Lo que debió ser el momento más vergonzoso de su vida termina siendo el inicio de algo que nadie en la familia Watase esperaba: una dinámica completamente XXX donde las mujeres de la casa se vuelven esclavas de su propio deseo por Itsuki.