Un día de clases común y corriente para Misako, que intenta mantener la compostura frente al grupo mientras su propio hijo Majime la desnuda con la mirada desde el fondo del salón. No pasa mucho tiempo antes de que la acorrale en uno de los baños de la escuela, saque su verga dura y se la meta sin contemplaciones, follándola fuerte y profundo sin importarle que cualquiera pueda entrar en cualquier momento. Misako está destrozada por dentro: es su madre, es su alumna, es su maestra, y aun así no puede evitar sentir un placer que la aplasta. Termina llena de leche, con la culpa comiéndosela viva y el cuerpo pidiéndole más.

