En los trenes atestados de la ciudad, Kiichi Kusakabe opera en silencio. Capucha abajo, nadie lo nota. Pero sus ojos ven todo: detecta el deseo oculto de cada morra y usa sus dedos con una precisión brutal para hacerlas estallar de placer sin que puedan hacer ni un ruido. En su camino caen dos víctimas muy distintas: Rimika, una streamer popular que se burló públicamente de los acosadores durante una transmisión en vivo, y la universitaria Iori, que ni siquiera creía que los chikan existían… hasta que cayó en manos de uno y fue rescatada por alguien igual de peligroso. Hentai de chikan extremo, morras indefensas y un maestro del manoseo que no tiene rival.