Hace unos días, por broncas familiares, me mudé a un edificio a las afueras de Tokio. Ahí conocí a mi vecina sexy, Hitomi Rimuro. Fue amor a primera vista: me volvieron loco su belleza, su olor, su sonrisa y sus tetotas monstruosas. Ya me he jalado el ganso mil veces pensando en ella y me volví adicto al porno de MILFs. Mi vicio diario era espiarla cuando se cambiaba de ropa. Pero hoy se me acercó y me soltó: «Sé que me espías… no diré nada si nos volvemos compañeros de cama». Obvio no le iba a decir que no a tremenda hembra.





